Entrevista a Carmen Amoraga

Carmen Amoraga

 Carmen Amoraga (Picanya, 1969) es de las escritores valencianas más importantes del momento. Tras recibir premio Ateneo Joven en 1997 conla novela Para que nada se pierda, obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana con La larga noche. Siguió escribiendo novelas como Todas las caricias y , en 2007, con Algo parecido al amor, fue finalista del Premio Nadal. Estos reconocimientos  y otras novelas como Todo lo que no te contarán sobre la maternidad y Palabras más, palabras menos, precedieron a El tiempo mientras tanto, con la que quedó finalista en el Premio Planeta de 2010. Recientemente, por su labor como escritora y como periodista en el Levante-EMV , el pasado mes de marzo recibió el premio de la Federación de Dones Progressistes de la Comunitat Valenciana.  

Acaba de recibir el Premio de la Federación de Dones Progressistes de la Comunitat Valenciana, ¿qué aspectos de su literatura cree que han suscitado un mayor interés al otorgarle este reconocimiento?

 Recibir este premio ha sido todo un honor para mí, y creo que desde la Federació han tenido en cuenta más bien mi compromiso personal y la defensa de la igualdad que he realizado en muchas de mis columnas en medios de comunicación. En mis novelas, las protagonistas principales (que no las únicas) son mujeres, y son mujeres en los diferentes aspectos de la vida de una mujer: una mujer trabajadora, una mujer madre, una mujer hija, una mujer amiga, una mujer amante… Creo que la igualdad no consiste en hacer lo mismo que los hombres, sino en tener las mismas posibilidades de elegir qué tipo de vida se quiere desarrollar. 

 En el ejercicio de novelar, de crear ficción, ¿hasta qué punto es importante en su obra la observación de la realidad?

 Observar la realidad es el cien por cien de mis novelas. La realidad no sólo es una fuente inagotable de historias, sino que, además, en la mayoría de los casos eso de que la realidad supera la ficción no es una frase hecha sino un resumen perfecto de muchas novelas. Yo no escribo novelas costumbristas ni reales, pero sí realistas. La novela no es la vida, pero me gusta leer y escribir novelas que son como la vida. 

 ¿Está entre sus objetivos hacer una literatura comprometida con la mujer hoy día?

 El compromiso ha de ser siempre personal. Mi compromiso como persona es total. Como escritora, lo que hago es ficción. Aunque supongo que esa vertiente comprometida se acaba “colando” en las novelas, igual que se “cuela” mi pasado sentimental o las novelas que he leído, o conversaciones que he escuchado o que he mantenido. 

 En las carreras de filología, la perspectiva de género en el estudio de la literatura todavía anda muy rezagada, es decir, la mayor parte del temario está centrado en la obra de escritores y si se añade alguna figura femenina, siempre se trata de las mismas. ¿Qué opinión tiene al respecto? ¿Cree que será difícil cambiar la perspectiva (link artículo de propuesta del Instituto de la mujer) ?

 Es que, a lo largo de la historia, han sido los hombres quienes han tenido acceso a la literatura; es más, han sido los hombres quienes han tenido acceso a la educación. Por tanto, no es difícil de imaginar que, en breve, las mujeres ocuparán en los planes de estudios el lugar que ya tienen en la historia de la literatura reciente. Ahora nos parece normal estudiar, votar, escribir, leer… pero hasta hace muy poco no lo era.

 ¿Cómo ve el panorama literario actual? ¿En el mundo editorial, cree que existen todavía desigualdades de género?

 No. Personalmente no he sufrido ninguna desigualdad. Otra cosa son las desigualdades derivadas del lenguaje. Una cosa mala, una desgracia, es una putada. Algo bueno es cojonudo, por ejemplo.

 ¿Qué opinión le merece la, todavía muy en auge, literatura para mujeres? ¿Está de acuerdo con tal segmentación del público lector?

 Cuando se utiliza como sinónimo de una literatura menor, no. Es cierto que existe esa etiqueta para referirse a la literatura hecha por mujeres de la misma manera que nos referimos a la literatura alemana cuando hablamos en general de la literatura que se hace en Alemania. Pero, por lo general y por mi experiencia, se usa en términos peyorativos, y más cuando nunca se habla de literatura masculina o de literatura de personas mayores, por ejemplo.

 ¿Cree que existen diferencias sustanciales entre una literatura escrita por mujeres y la escrita por hombres?

 No. Creo que Jane Austen, y las hermanas Brönte, por citar dos ejemplos, compartieron una coyuntura social, unos modelos de mujer que sí acabaron formando un mundo literario común y enfrentado al mundo literario masculino. Pero hoy por hoy, la diferencia no es entre escritores hombres y escritoras mujeres. Hoy hay tantas diferencias como autores y autoras.

 ¿Qué escritores admira o han influido en su obra? ¿Qué mujeres resaltaría de entre ellos?

 Admiro a muchos; influido, espero que todos. Me encanta Ana María Matute, esa manera de estar en el mundo, de reivindicar la literatura como pasión, el cuento como creación y la escritura como salvación.

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