Reconocimiento intelectual

 El reconocimiento intelectual de la mujer

Desde hace cuatro años, la Unión Europea ha impuesto la introducción del principio de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en los proyectos cofinanciados por los Fondos Europeos. Esta medida supone un avance en la lucha contra la discriminación, puesto que se tendrán más en cuenta la manera en que los proyectos y la gestión de los Fondos pueden afectar a mujeres y hombres. Esta medida y muchas otras recientes están en un plano que podemos denominar objetivo, porque está avalado legalmente. Corromper algún principio básico a favor de intereses personales conduce directamente hacia las sanciones. Sin embargo, si se adopta una mirada trasversal, desde el plano de la subjetividad, el nivel de igualdad de hombres y mujeres no está asegurado. En esta perspectiva ya no caben decretos, leyes ni ordenanzas, sino que tienen cabida los premios y otros reconocimientos sociales que vienen determinados por un jurado no  estrictamente objetivo y contaminado por ciertos prejuicios que emana la sociedad. Así pues, esta sociedad todavía muy patriarcal, en que  el hombre es más visible que la mujer en cualquier ámbito, se ve reflejada en términos de reconocimiento social, donde las diferencias entre hombres y mujeres son abismales.

Doris Lessing

Por ejemplo, en el ámbito universitario  podemos comprobar cómo el porcentaje de mujeres nombradas honoris causa es, en todos los casos, ridículo en relación con el total. Respecto a premios de fin de estudios la situación mejora notablemente porque se trata de algo que encierra criterios más objetivos, pero aún así se percibe una cierta inferioridad. Y, en cuanto a personas condecoradas según el departamento Ministerial, la desproporción es impactante. Estos datos están en armonía con la actual representación femenina en la Real Academia de la Lengua, cuyos sillones parecen de más fácil, aunque polémico, acceso para algunos hombres escritores y casi inalcanzable para muchas mujeres merecedoras de tal honor. La primera mujer en acceder fue Carmen Conde en 1979, seguida tan solo por Elena Quiroga en el 83, Ana María Matute en el 98, Carmen Iglesias en 2002, Margarita Salas en 2003, Soledad Puértolas en 2010 e Inés Fernández-Ordóñez en febrero este mismo año. En treinta y dos años, tan solo han ingresado en la Academia siete mujeres, ahora, de 46 sillones solo hay cuatro mujeres. Tras la muerte de Francisco Ayala, Valentín García Yebra y Miguel Delibes los sillones Z, N y E quedaron vacíos. De estos, el E ya ha sido ocupado, por un hombre, el latinista Juan Gil.  Julia Sevilla, primera profesora honoraria de la Universidad de Valencia, indica que este ejemplo es uno de los más interesantes para ilustrar la vigente discriminación porque se trata de un sistema de votación interno en el que la mayoría de votantes, los miembros de la RAE, son hombres.

 

En el mundo de las letras, cuyos galardones tienen un gran impacto social, el reconocimiento social de las mujeres escritoras tampoco ha tenido mayor suerte. En premios de menos envergadura sí ha habido hay un avance significativo, pero no para los grandes galardones. Ganadoras del permio Nobel de Literatura, creado en 1895, se cuentan doce mujeres, Selma Lagerlof en 1909, hasta la actualidad, con Herta Mullerhace tan solo dos años. El Premio Príncipe de Asturias de las letras fue estrenado por Carmen Martín Gaite en 1988, pero no volvió a recaer en una mujer, Doris Lessing, hasta 2001. Después, parece que el jurado se fue adaptando a los tiempos que corren, pues en lo que va de siglo XXI, ya son cuatro las mujeres que lo han recibido: en 2003 fue compartido por Fatema Mernissi y Susan Sontag, dos años después se reconoció a Nélida Piñón y en 2008 a Margaret Atwood. Por otra parte, uno de los reconocimientos más polémicos es el principal premio de las letras hispánicas, el Premio Cervantes, que desde que fue instituido en 1974 tan solo tres mujeres lo han obtenido: María Zambrano en 1988, Dulce María Loynaz en 1992 y Ana María Matute este mismo año. Escritoras como Isabel Allende, denuncian el machismo del jurado en los grandes premios literarios, opiniones que convierten esta cuestión en un debate que no es baladí. Para hacer predicciones sobre los próximos ganadores ¿no sería interesante conocer a los miembros del jurado?

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